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Estudio de belugas en Alaska

El estudio fue posible gracias al dispositivo EAR (Ecologic Acoustic Recorder) facilitado por el CRAM.

El equipo liderado por el colaborador del CRAM e investigador de L’Oceanogràfic de Valencia, Manolo Castellote, ha descubierto que la población de belugas que habita en Disenchantment Bay (Alaska) rige sus patrones de conducta según el estado de las mareas. El estudio se realizó en mayo del 2008 y fue posible gracias al dispositivo EAR (Ecologic Acoustic Recorder), facilitado por el CRAM, que también permitió el análisis de ruido ambiente de la bahía y determinar que los numerosos cruceros que circulan por la zona para visitar el conocido glaciar de Hubbard no afectan a la vida de estos cetáceos.

Las detecciones de belugas realizadas mediante las grabaciones del EAR y de otros aparatos de bioacústica en Disenchantment Bay permitieron a los investigadores determinar por primera vez una mayor presencia de estos cetáceos durante los periodos de pleamar y muy poca o ninguna en la bajamar.

Para realizar el estudio, se situaron los cinco dispositivos de grabación en distintas posiciones de una bahía muy apropiada para pruebas de detección acústica ya que acoge una población de unos 12 ejemplares de beluga muy aislados genética y geográficamente. Por otro lado, los aparatos de bioacústica fueron programados para detectar frecuencias de 30 a 113 kilohercios; rango que ya había sido testado previamente con belugas en cautividad.

El número de clics de beluga por hora registrado durante 10 días confirmó la presencia continua de estos animales en el área de estudio durante el periodo de fondeo de la embarcación científica; sin embargo, un análisis temporal de los resultados desestimó cualquier relación con el ciclo solar y apuntó directamente a la evolución de las mareas.

Por otro lado, para analizar la afectación de las belugas por el ruido ambiente procedente de embarcaciones, el equipo de Castellote situó el EAR y otros dos dispositivos de grabación en Beluga Bay, localización cercana a Hubbard, el mayor glaciar de Norteamérica y polo de atracción de numerosos visitantes.

El estudio permitió determinar que el ruido procedente de los cruceros se focalizaba en la frecuencia de 0 a 2 quilohercios, no obstante, su nivel máximo de decibelios quedaba por debajo de eventos naturales como el choque entre icebergs. Así, el informe concluyó que aunque el ruido de los buques se percibía en dónde se encontraban las belugas, no era mayor que la variabilidad natural del ruido ambiente.

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